¿Quién calla,el padre Palmar o Chávez?

El intelectual marxista Domingo Alberto Rangel opina sobre la situación del país
Donde se pone el dedo salta pus", en tales términos se expresó el maestro Manuel González Prada del Perú en las postrimerías de la etapa colonial donde radicaba la sociedad más corrompida de América. No deben olvidarse aquellas palabras, y menos en Venezuela, donde el petróleo ha creado, en tamaño gigantesco, algo que bien pudiera alegar títulos para ser un manadero constante de pus. Creo que en efecto, Venezuela tiene hoy una sociedad más podrida en lo moral y más cínica en lo político de todo el continente. Me refiero, desde luego, a la sociedad dominante tal como la caracterizan o la definen los sociólogos. Es posible que Venezuela esté entre lo más corrompido que sea dable tropezar en América Latina. Como en toda sociedad, es también posible distinguir aquí clases sociales, sectores diferenciados entre ella y grupos, en fin jerarquía e instituciones entre las cuales se empeña el juego del poder. Pero todo lo que tenga poder, todo cuanto ejerza alguna influencia, en fin, para despachar el asunto con prisa aliviadora, todo cuanto participe en la lucha política está corrompido. Y como la corrupción tiene sus leyes y las sociedades corrompidas su sociología, diremos que entre más poder, más influencia o más fama tenga una persona, una institución o una jerarquía más categoría, estarán ahí la descomposición, la podredumbre o la disolución moral. A más poder más podredumbre, entre más poder tenga más corrompida será una institución, así lo formularía la ley cardinal de la vida política en lo que concierne a la moral.

¿PDVSA CORRUPTA?: POR SUPUESTO
La empresa más corrompida de Venezuela tiene que ser Pdvsa. Ha de ser así por una razón ineludible, fatal, automática: es la empresa más poderosa del país, casi tan grande como éste. Si Pdvsa fuera privatizada no cambiaría nada, las comisiones las recibirían otras personas, pero recorrerían el mismo trayecto y tendrían el mismo estilo. Aquí se combinan dos elementos que llevan a la corrupción y la hacen perpetua. Una sociedad rica, donde basta poner en marcha un balancín petrolero para tener un chorro de dólares o de euros es propicia a la corrupción, así esté gobernada por un triunvirato que integren Savonarola, Robespierre y Lenin.

Las instituciones todas en la Venezuela de hoy son blandas ante la corrupción y no pasan de las monsergas moralizadoras o de las proclamas acomodaticias. ¿La Iglesia? Después de aquel episodio sórdido que fue el asesinato del padre Piñango la reputación moral de la Iglesia no llega desde entonces a la altura de un médano de Coro. ¿La Judicatura? Después de Velásquez Alvaray, a quien tuvieron que extrañar del país, llenándole, como prestación de antigüedad, los bolsillos de dinero, el prestigio de la
judicatura es para buzos, está por debajo del nivel del mar.

Las universidades son hoy las mudas por antonomasia, las callaron con un fajo de billetes capaces de convertir en esfinge del desierto a un predicador de esquina. Aquí las instituciones están tan corrompidas como el gobierno o tan calladas como una sombra...

LOS SILENCIOS.
Hay varios tipos de complicidad, como hay varios tipos de silencio en una sociedad corrompida. El silencio del padre Palmar quien dijo no hablar porque de hacerlo "Hugo Chávez no estaría o no seguiría en su puesto". Es la complicidad de la prudencia, llamémosle así por caridad.

Hay también el silencio del Presidente de la República, que es en cierto modo el alcahuete universal en una República como la nuestra. Si Hugo Chávez hablara con sinceridad, virtud que un presidente no puede ejercitar, ¿cuántas reputaciones, cuántos prestigios, cuántas honras rodarían al lodazal? Hugo Chávez y el padre Palmar son depositarios de todos los secretos, que en una sociedad corrompida como ésta debe ser hipócrita, no cabrían ni en las cavidades infinitas del océano.


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