Discurso conmemorativo
Martin Heidegger
30 Octubre 1955
Mis primeras palabras públicas en mi pueblo de origen son palabras de agradecimiento.
Le doy gracias a mi patria por todo lo que me ha dado a lo largo del camino en mi vida. He intentado explicar la naturaleza de estas gracias en unas pocas páginas tituladas "Der Feldweg"(vereda rural) las cuales aparecieron por primera vez en 1949 en un libro en honor a Conradin Kreutzer. Le doy las gracias a Mayor Schühle por su calurosa bienvenida. Y estoy especialmente agradecido por el privilegio de dar este discurso conmemorativo en la ceremonia de hoy.
¡Invitados de honor, amigos y vecinos! Nos hemos reunido hoy en conmemoración del compositor Conradin Kreutzer, un nativo de nuestra región. Si hemos de honrar a un hombre cuya vocación es ser creativo, debemos, sobre todo, honrar debidamente su trabajo. En el caso de los músicos esto se hace através de la ejecución de sus composiciones.
Las composiciones de Conradin Kreutzer suenan hoy en canciones y coros, en ópera y en música de cámara. En estos sonidos el artista mismo está presente; porque la presencia del maestro en la obra es la única presencia verdadera. Mientras más grande el maestro, más completamente se desvanece su persona en su trabajo.
Los músicos y cantantes quienes toman parte en la celebración de hoy son garantes de que la obra de Conradin Kreutzer sea oída en esta ocasión.
Pero ¿solamente esto constituye una celebración conmemorativa?. Una celebración conmemorativa significa que recordemos, que PENSEMOS. ¿Y qué vamos a pensar y decir en una conmemoración dedicada a un compositor? ¿No es la distinción de la música "hablar" através del sonido de sus tonos y así no hay necesidad del lenguaje ordinario, del lenguaje de las palabras?. Así dicen. Y sin embargo la pregunta continúa: ¿Solamente tocar la música y cantar hace de nuestra celebración una celebración completa, una en la cual hagamos uso del pensamiento? ¡Dificilmente! Así que se colocó un "discurso conmemorativo" en el programa. Esto es para ayudarnos a recordar tanto al compositor a quien rendimos honor y a su obra. Estos recuerdos vienen a la vida tan pronto relatamos la historia de Conradin Kreutzer, y recontamos y describimos sus obras. Através de tales relatos podemos encontrar muchas alegrías y muchos pesares, eso es instructivo y ejemplar. Pero en el fondo sólo nos dejamos entretener por un relato así. Al escuchar tal historia, no es necesario pensar después de todo, no demanda ninguna reflexión en lo que concierne a cada uno de nosotros inmediata y continuamente en su ser mismo. Así que un discurso conmemorativo no asegura que haremos uso del pensamiento, que pensaremos, en una celebración conmemorativa.
No nos engañemos a nosotros mismos. Todos nosotros, incluyendo aquellos que piensan profesionalmente, como ha sido, somos muy a menudo pobres en pensamientos; todos somos irreflexivos muy facilmente. La irreflexibilidad es un visitante pavoroso que va y viene por todos lados en el mundo de hoy. Porque hoy en día tomamos todo de la manera más rápida y barata, sólo para olvidarla rapida, instantaneamente. Así cuando obtenemos algo estamos pisando los talones de obtener otra cosa. Las conmemoraciones y la irreflexibilidad se encuentran lado a lado.
Pero a pesar de ser irreflexivos, no rendimos nuestra capacidad de pensar. Más bien usamos esta capacidad implicitamente, aunque de manera extraña: esto es, en la irreflexibilidad dejamos el pensamiento en barbecho. Aún así, lo que se deja en barbecho es en sí mismo una tierra para cultivar, como un campo. Una autopista, donde no puede nacer nada, no puede ser un campo en barbecho. Así como podemos quedarnos sordos sólo porque podemos oir, así como podemos ponernos viejos sólo porque éramos jóvenes; así podemos quedarnos pobres de pensamientos y hasta irreflexivos sólo porque el hombre en el centro de su ser tiene la capacidad de pensar; tiene "espíritu y razón" y está destinado a pensar. Sólo podemos perder aquello que poseemos, sabiéndolo o no.
El crecimiento de la irreflexibilidad debe, entonces, surgir de algún proceso que corroe la médula misma del hombre de hoy: el hombre hoy se está VOLANDO DEL PENSAMIENTO. Esta fuga del pensar es la base de la irreflexibilidad. Pero parte de esta fuga es que el hombre nunca la verá ni la admitirá. El hombre hoy hasta negará llanamente esta fuga del pensamiento. Él dirá lo opuesto. Él dirá -y muy en lo cierto- que en ninguna época han habido tantos planes de largo alcance, tantas investigaciones en tantas áreas, estudios llevados tan apasionadamente como hoy. Por supuesto. Y esta demostración de ingenuidad y deliberación tiene sus grandes utilidades en si misma. Tal pensamiento permanece indispensable. Pero -también permanece cierto que es un pensamiento de un tipo especial.
Su peculiaridad consiste en el hecho que cuando sea que planifiquemos, investiguemos y organicemos, siempre lidiamos con condiciones que ya están dadas. Las tomamos en cuenta con la intención calculada de su servicio a propósitos específicos. Para poder contar con resultados definidos. Este cálculo es la marca de todo pensamiento que planea e investiga. Tal pensamiento sigue siendo cálculo aún si no trabaja con números ni usa calculadoras o computadoras. El pensamiento calculativo computa. Computa posibilidades cada vez más nuevas y cada vez más prometedoras, y al mismo tiempo más económicas. El pensamiento calculativo nunca se detiene, nunca se recuenta a sí mismo. El pensamiento calcultaivo no es pensamiento meditativo, no es un pensamiento que contempla el significado que reina en todo lo que existe.
Entonces hay dos tipos de pensamiento, cada uno justificado y necesitado en su propia manera: el pensamiento calculativo y el pensamiento meditativo.
Este pensamiento meditativo es lo que tenemos en mente cuando decimos que el hombre contemporáneo está volándose del pensamiento. Aún así ustedes pueden protestar: el mero pensamiento meditativo se encuentra él mismo flotando sin conciencia fuera de la realidad. Éste pierde contacto. Es inútil para tratar los negocios actuales. No da ganancias al tratar asuntos prácticos.
Y ustedes pueden decir, finalmente, que el mero pensamiento meditativo, la meditación perseverante, está "fuera" del alcance del entendimiento ordinario. En esta excusa sólo eso es verdad, el pensamiento meditativo no sucede por si mismo más de lo que lo hace el pensamiento calcultativo. A veces requiere un esfuerzo más grande. Demanda más práctica. Está en necesidad de mayor cuidado delicado que cualquier otro arte. Pero también hay que ser capaz de aguardar el momento oportuno, de esperar como hace el campesino, a ver si la semilla nacerá y dará frutos.
Sin embargo cualquiera puede seguir el camino del pensamiento meditativo a su manera y dentro de sus propios límites. ¿Por qué? Porque el hombre es un ser pensante, es decir, meditante. Por eso el pensamiento meditativo no es necesariamente por definición "de altura". Es suficiente si vivimos en lo que está cerca y meditamos en lo que está más cerca; sobre lo que nos interesa, a cada uno de nosotros, aquí y ahora; aquí, en el territorio de nuestra patria; ahora, en la presente hora de la historia.
¿Qué es lo que nos sugiere esta celebración, en caso de que estemos listos para meditar?. Entonces nos damos cuenta que una obra de arte ha florecido en la tierra de nuestra patria. Al mantener este simple hecho en mente, no podemos dejar de recordar al mismo tiempo que durante los últimos dos siglos grandes poetas y pensadores han brotado de la tierra de Suabia. Pensar en eso hace más claro que Alemania Central es así mismo tal tierra, y así es Prusia oriental, Silesia y Bohemia.
Nos ponemos pensativos y preguntamos: ¿el florecimiento de cualquier obra genuina no depende de sus raíces en suelo nativo? Johann Peter Hebel escribió una vez: "Somos plantas las cuales -así nos guste admitirlo o no- debemos elevarnos desde nuestras raíces fuera de la tierra para florecer en el éter y dar frutos". (Obras, ed. Altwegg III, 314)
El poeta quiere decir: Para que florezca una obra humana saludable y alegre, el hombre debe encumbrarse desde las profundidades de su patria hacia arriba hacia el éter. El éter significa aquí el aire libre de los cielos, el reino abierto del espíritu.
Nos ponemos más pensativos y preguntamos: ¿Esto que dijo Johann Peter Hebel es válido hoy? ¿Todavía vive el hombre calmadamente entre el cielo y la tierra? ¿Reina todavía un espíritu meditativo sobre la Tierra? ¿Hay todavía una patria que da la vida en cuyos suelos el hombre pueda estar arraigado, es decir, ser autóctono?
Muchos alemanes han perdido su patria, han tenido que dejar sus caseríos y pueblos, han sido sacados de sus suelos natales. Otros muchos cuya patria fue salvada, sin embargo, se han ido. Han sido capturados en el tumulto de las grandes ciudades, y se han re-establecido en las tierras baldías de los distritos industriales. Ahora son extraños a sus terruños originales. ¿Y los que se han quedado en sus terruños? A veces se han quedado más sin hogar que aquellos que han sido sacados de sus hogares. A toda hora todos los días están encadenados a la radio y la televisión. Semana tras semana las películas los llevan a reinos de la imaginación poco comunes, y les dan la ilusión de un mundo que no es el mundo. Las revistas de fotos están disponibles en todas partes. Todo lo que estimula, sobresalta y lleva al hombre las modernas técnicas de comunicación -todo lo que ya está mucho más cerca al hombre actual que sus conucos alrededor de su casa, más cerca que el cielo sobre su tierra, más cerca que el cambio de la noche al día, más cerca que las normas y costumbres de su pueblo, que la tradición de su mundo nativo.
Nos ponemos más pensativos y preguntamos: ¿Qué está pasando aquí -con estos sacados de sus terruños no menos que con los que se han quedado? Respuesta: ¡El arraigo, el ser autóctono, del hombre está amenazado hoy en su centro!. Más aún: La falta de arraigo es causada no sólo por las circunstancias o la suerte, ni brota solamente de la negligencia ni la superficialidad de la forma de vivir del hombre actual. La pérdida del ser autóctono mana del espíritu de la época en que todos nosotros hemos nacido.
Nos ponemos aún más pensativos y preguntamos: ¿Si esto es así, se puede esperar que el hombre, que la obra del hombre en el futuro nazca en la tierra fértil de una patria y se remonte en el éter, hacia las alturas de los cielos del espíritu? ¿O todo caerá ahora en los embragues de la planificación y los cálculos, de la organización y la automatización?
Si nos remitimos a lo que sugiere nuestra celebración de hoy, entonces debemos observar la pérdida de lo autóctono en el hombre con que está amenazada nuestra época. Y preguntamos: ¿Qué está pasando realmente en nuestra época? ¿Qué es lo que la caracteriza?.
La época que comienza ahora ha sido llamada ultimamente la era atómica. Su símbolo más conspicuo es la bomba atómica. Pero esto simboliza sólo lo obvio; porque se ha reconocido que la energía atómica puede ser usada también para propósitos pacíficos. Los físicos nucleares de todos lados están ocupados en grandes planes para implementar los usos pacíficos de la energía atómica. Las grandes corporaciones industriales de los países líderes, primero que nada Inglaterra, ya se han imaginado que la energía atómica puede desarrollarse como un negocio gigante. Através de este negocio atómico se vislumbra una nueva era de felicidad. La ciencia nuclear, también, no se queda atrás. Publicamente proclama esta era de felicidad. Así en Julio de este año [1955] en el Lago Constance, dieciocho ganadores del Premio Nóbel plasmaron una proclamación: "La Ciencia [y esto es la ciencia moderna] es un camino a una vida humana más feliz".
¿Cuál es el sentido de esta declaración? ¿Brota de la reflexión? ¿Pondera alguna vez el significado de la era atómica? ¡No! Porque si quedamos contentos con esta declaración de la ciencia, permanecemos tan lejos como sea posible de una percepción reflexiva de nuestra época. ¿Por qué?. Porque olvidamos ponderar. Porque olvidamos preguntar: ¿Cuál es la base que permitió a la tecnología moderna descubrir y liberar nuevas energías en la naturaleza?.
Esto se debe a una revolución en los conceptos dominantes que ha estado sucediendo durante los siglos pasados, y mediante los cuales el hombre se ha puesto en un mundo diferente. Esta revolución radical en apariencia ha llegado hasta la filosofía moderna. De esto surge una relación completamente nueva entre el hombre y el mundo y su lugar en él. El mundo ahora aparece como un objeto abierto a los ataques del pensamiento calculativo, ataques en donde se cree que nada será capaz de resistir más nunca. La naturaleza se convierte en estación de combustible gigantesca, una fuente de energía para la tecnología e industria modernas. Esta relación del hombre con el mundo como tal, en principio una relación técnica, se desarrolló por primera vez en el siglo diecisiete y sólo en Europa. Paso largo tiempo desconocida en los otros continentes, y fue inexistente en épocas e historias anteriores.
El poder concebido en la tecnología moderna determina la relación del hombre hacia lo que existe. Regula toda la Tierra. De hecho, ya el hombre está empezando a avanzar más allá de la tierra hacia el espacio exterior. En no menos de 20 años, tales fuentes gigantes de energía que han sido conocidas através de la energía atómica asegurarán las demandas de energía de cualquier tipo eternamente. Pronto la consecución de las nuevas energías más nunca estarán atadas a ciertos países o continentes, como ocurre con el carbón, el petróleo y la madera. En un futuro predecible será posible construir estaciones de energía atómica en cualquier parte de la Tierra.
Entonces la pregunta decisiva de la ciencia y la tecnología hoy no es más: ¿Dónde encontramos suficientes cantidades de combustible?. La pregunta decisiva ahora es: ¿De qué manera podemos domesticar y dirigir las inimaginablemente grandes cantidades de energías atómicas, asegurando la humanidad contra el peligro de que estas energías gigantescas repentinamente -hasta sin acciones militares- exploten en algún lado, "se escapen", y destruyan todo?.
Si la domesticación de la energía atómica es exitosa, y será exitosa, entonces una nueva era total de desarrollo técnico empezará. Lo que conocemos ahora [1955] como tecnología de cine y televisión, de transporte y especialmente transporte aéreo, la manera de reportar las noticias, y tecnología médica y nutricional, es presumiblemente un comienzo crudo. Nadie puede vislumbrar los cambios radicales por venir. Pero los avances tecnológicos se moverán cada vez más y más rápido y nunca podrán ser detenidos. En todas las áreas de la existencia, el hombre será cercado cada vez más apretadamente por las fuerzas de la tecnología. Estas fuerzas, las cuales en todos lados y cada minuto declaran, encadenan, arrastran, presionan y se imponen sobre el hombre bajo la forma de algún invento u otro -estas fuerzas, como el hombre no las ha creado, se han mudado hace mucho tiempo más allá de su voluntad y han sobrepasado su capacidad de decisión.
Pero esto también es característico del nuevo mundo de la tecnología, que sus logros vienen tan rápido para ser conocidos y admirados publicamente. Entonces hoy todas las personas serán capaces de leer lo que este discurso dice acerca de la tecnología en cualquier revista competente u oirlo en la radio. Pero -una cosa es haber oído o leído algo, o sea, simplemente darse cuenta; y otra cosa es entender lo que hemos oído o leído, o sea, ponderar.
La reunión internacional de ganadores del Premio Nobel se realizó otra vez en el verano de este año de 1955 en Lindau. Allá el químico norteamericano, Stanley, tuvo esto que decir: "Se acerca la hora cuando la vida será puesta en las manos de los químicos quienes serán capaces de sintetizar, dividir y cambiar las sustancias vivas a voluntad". Nos damos cuenta de tal declaración. Hasta nos maravillamos ante la osadía de la investigación científica, sin pensar acerca de ello. No nos detenemos a considerar que un ataque con medios tecnológicos se está preparando contra la vida y la naturaleza que en comparación la explosión de la bomba de hidrógeno es poca cosa. Porque precisamente si la bomba de hidrógeno no explota y la vida humana en la Tierra es preservada, un cambio pavoroso del mundo se mueve sobre nosotros.
Sin embargo lo pavoroso no es que el mundo se esté volviendo enteramente técnico. Mucho más pavoroso es que no estamos preparados para esta transformación, nuestra inabilidad para confrontar meditativamente lo que se está despertando en esta época.
Ningún hombre individual, ningún grupo de hombres, ninguna comisión de hombres de Estado prominentes, científicos, técnicos, ninguna conferencia de líderes del comercio y la industria, pueden frenar o dirigir el progreso de la historia en la era atómica. Ninguna organización humana es capaz de ganar dominio sobre ésta.
¿Es el hombre, entonces, una víctima indefensa y perpleja a merced del poder superior e irresistible de la tecnología? Lo sería si el hombre abandona hoy cualquier intención de confrontar el pensamiento meditativo con decisión contra el mero pensamiento calculativo. Pero una vez que el pensamiento meditativo se despierte, debe estar trabajando incesantemente y en cada ocasión -por eso, también, aquí y ahora en esta conmemoración. Porque aquí estamos considerando lo que está especialmente amenazado en la era atómica: Lo autóctono de las obras del hombre.
Entonces nos preguntamos ahora: Si hasta las viejas raíces se están empezando a perder en esta era, ¿no puede darse al hombre otra vez un nuevo piso y fundación desde el cual la naturaleza del hombre y todas sus obras puedan florecer en nuevas maneras hasta en la era atómica?
¿Qué podría ser el piso y fundación para la nueva autoctonía? Quizás la respuesta que estamos buscando yace a la mano; tan cerca que todos facilmente la hemos pasado por alto. Porque la vía hacia lo que está cerca es siempre la más larga y por eso la más difícil para nosotros los humanos. Esta vía es la vía del pensamiento meditativo. El pensamiento meditativo demanda de nosotros no colgarnos a una idea por un solo lado, ni recorrer un curso de ideas por un solo canal. El pensamiento meditativo demanda de nosotros que nos ajustemos a nosotros mismos con lo que a primera vista no va junto después de todo.
Hagamos una prueba. Para todos nosotros los arreglos, aparatos y maquinarias de la tecnología son en mayor o menor medida indispensables. Sería tonto atacar ciegamente a la tecnología. Sería de corta visión condenarla como obra del demonio. Dependemos de los aparatos técnicos; hasta nos retan con avances cada vez mayores. Pero repentina y desapercibidamente nos encontramos a nosotros mismos tan firmemente encadenados a estos aparatos técnicos que caemos en su esclavitud.
Sin embargo podemos actuar de otra manera. Podemos usar los aparatos técnicos, y aún así con el uso apropiado mantenernos tan libres de ellos, que los podríamos dejar ir en cualquier momento. Podemos usar los aparatos técnicos como deben ser usados, y también dejarlos solos como algo que no afecta nuestra verdadera alma interna. Podemos afirmar el inevitable uso de los aparatos técnicos, y también negarles el derecho a dominarnos, y así evitarles envolvernos, confundirnos y desperdiciar nuestra naturaleza.
¿Pero decir si y no al mismo tiempo de esta manera a los aparatos técnicos, no hace nuestra relación con la tecnología ambivalente e insegura? ¡Al contrario! Nuestra relación con la tecnología se hará maravillosamente simple y relajada. Dejamos a los aparatos técnicos entrar en nuestras vidas diarias, y al mismo tiempo los dejamos afuera, o sea, los dejamos en paz, como cosas que no son nada absolutas pero permanecen dependientes de algo más grande. Yo llamaría a este comportamiento hacia la tecnología el cual expresa "si" y al mismo tiempo "no", con una vieja palabra, "renunciamiento a las cosas" [Alemán místico antiguo: "gelassenheit"; inglés moderno: "releasement toward things"].
Al tener este comportamiento no vemos más las cosas sólo de una manera técnica. Nos da visión clara y nos damos cuenta que mientras la producción y el uso de máquinas demanda de nosotros otra relación con las cosas, no es una relación sin significado. Los conucos y la agricultura, por ejemplo, ahora se ha convertido en una industria motorizada de alimentos. Entonces aquí, evidentemente, como en otras actividades, se está tomando un cambio profundo en la relación del hombre hacia la naturaleza y hacia el mundo. Pero el significado que reina en este cambio permanece oscuro.
Entonces en todo proceso técnico hay un significado, que no es inventado ni hecho por nosotros, el cual reclama lo que el hombre hace y deja sin hacer. No sabemos el significado de la creciente dominación pavorosa de la tecnología atómica. El significado que llena la tecnología se esconde a sí mismo. Pero si explicita y continuamente escuchamos y observamos el hecho de que tal significado oculto nos toca en todo lugar y momento en el mundo de la tecnología, nos encontramos de una dentro del reino de aquello que se está escondiendo a sí mismo de nosotros, y que se esconde de nosotros justo al acercarse a nosotros. Eso que se muestra a sí mismo y al mismo tiempo se retira es el rasgo esencial de lo que llamamos el misterio. Yo llamo al comportamiento que nos permite mantenernos abiertos al significado escondido en la tecnología, "apertura al misterio" [inglés: "openness to the mystery"].
El "renunciamiento a las cosas" y la "apertura al misterio" van juntos. Ellos nos garantizan la posibilidad de residir en el mundo de una manera totalmente diferente. Ellos nos prometen un nuevo terreno y fundación sobre la cual podemos pararnos y perdurar en el mundo de la tecnología sin estar en peligro por ésta.
El "renunciamiento a las cosas" y la "apertura al misterio" nos da una visión de una nueva autoctonía la cual algún día hasta podría ser ajustada para recapturar de una manera cambiada la vieja autoctonía que desaparece rapidamente.
Pero por ahora -no sabemos por cuánto tiempo- el hombre se encuentra a sí mismo en una situación peligrosa. ¿Por qué? ¿Sólo porque una tercera guerra mundial puede empezar inesperadamente y traer la completa aniquilación de la humanidad y la destrucción de la tierra?. No. En esta naciente era atómica nos amenaza un peligro muchísimo mayor -precisamente cuando el peligro de una tercera guerra mundial ha desaparecido. ¡Qué extraña afirmación!. Sí, es extraña, pero sólo mientras no meditemos.
¿En qué sentido es válida esa afirmación? Esta afirmación es válida en el sentido de que la marea de la revolución tecnológica que se acerca en la era atómica podría cautivar, embrujar, deslumbrar y seducir al hombre de que el pensamiento calculativo podría llegar a ser algún día aceptado y practicado COMO LA ÚNICA manera de pensar.
¿Cuál gran peligro entonces se podría mover sobre nosotros? Entonces la irreflexibilidad total podría ir de la mano con la mayor ingenuidad de la planificación calculativa y la indiferencia inventiva hacia el pensamiento meditativo. ¿Y entonces?. Entonces el hombre habrá negado y arrojado a la basura su propia naturaleza especial -que el hombre es un ser meditativo. Entonces, la cuestión es la salvación de la naturaleza esencial del hombre. Entonces, la cuestión es mantener vivo el pensamiento meditativo.
Sin embargo, El "renunciamiento a las cosas" y la "apertura al misterio" nunca suceden por si mismos. No nos caen del cielo accidentalmente. Ambos florecen sólo através del pensamiento valiente y persistente.
Quizás la celebración conmemorativa de hoy nos incite hacia esto. Si respondemos al llamado, pensamos en Conradin Kreutzer al pensar en el origen de su obra, los poderes que dan vida en su patria Heuberg. Y somos NOSOTROS quienes PENSAMOS si nos conocemos a nosotros mismos aquí y ahora como los hombres quienes deben encontrar y preparar el camino hacia la era atómica, através de ésta y para salir de ésta.
Si el "renunciamiento a las cosas" y la "apertura al misterio" despiertan dentro de nosotros, entonces deberíamos llegar a un camino que llevará a un nuevo suelo y fundación. En ese suelo la creatividad que produce obras duraderas podría echar nuevas raíces.
Entonces de una manera diferente y en una época diferente, la verdad de lo que dijo Johann Peter Hebel podría ser renovada:
"Somos plantas las cuales -así nos guste admitirlo o no- debemos elevarnos desde nuestras raíces fuera de la tierra para florecer en el éter y dar frutos".
Martin Heidegger
30 Octubre 1955