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Solo desde hace pocos años el indigenismo se expresa de manera clara con la utilización del término NACIÓN, para referirse a todos los pueblos que tenemos una propia especificidad y homogeneidad de lengua, cultura y relación con un determinado territorio, a pesar de no disponer de estado propio.
Hablamos de sociedades que en casi todos los casos y hasta hace poco tiempo veníamos llamadas con vocablos más ambiguos y reduccionistas: tribu, etnia, minoría regional, población autóctona, grupo étnico, raza aborigen, grupo primitivo, nacionalidad (entendido como casi-nación, nación no del todo), montañeses, sociedad ancestral, etc, etc.
Ahora por fin nos reconocemos llana y simplemente como lo que somos: naciones. Que es un término de calidad, no de cantidad. Y abandonamos esas definiciones reductivas que se utilizaban para obstaculizar el reconocimiento de la objetividad del hecho nacional de miles de poblaciones del planeta.
Inventadas y aplicadas por culturas e idiomas pretenciosamente más desarrollados (y hasta superiores...), principalmente eurocentristas, de imprenta colonial, expansionista, que se atribuían y siguen atribuyéndose a pueblos conquistados y sometidos por la fuerza, que vivimos con nuestra propia cultura y lengua, tradiciones, costumbres, mitos, arquetipos... en un determinado territorio, en fin, NACIONES, pero administradas o controladas desde un cierto momento por jurisdicciones estatales foráneas.
Esas denominaciones reductivas han sido creadas y se siguen todavía utilizando pasando por encima de la naturaleza homogénea de muchos pueblos de varios millones de personas, a veces divididos entre más de un estado (Curdos, Aimara, Amazigh, Guaraní, Vascos, etc.).
O, al contrario, sin tener en cuenta que no es la cantidad de población lo que determina su calidad nacional. Visto además que el mismo derecho interestatal reconoce la legitimidad de estados y naciones de dimensión y población muy reducida, hasta en el mismo corazón de la Europa imperialista.
Por otro lado, la existencia de la cuestión indígena, en origen exclusivamente destinada para pueblos de los territorios coloniales y ex-coloniales, se ha ido paulatinamente asumiendo en todos los estados de todos los continentes, Europa inclusive. En fin de cuentas hay cuestión indígena en casi todos los 200 estados de la Tierra, debido a la implícita constitución y función expansionista y depredadora de la forma-estado actualmente dominante, por la cual colectivos más violentos y famélicos han podido conquistar y someter enteros pueblos.
Tanto es, que hoy nadie se escandaliza cuando decimos que los vascos somos un pueblo indígena o aborigen europeo, aunque no se reconozca el hecho nacional vasco, que niegan por supuesto los estados ocupantes, francés y español. Pero, a pesar de estas resistencias, ahora resulta menos llamativo afirmar que en los estados francés y español viven y siguen desarrollándose poco a poco naciones como Catalunya, Galiza, Bretaña, Córcega, Euskal Herria, etc. A pesar de seguir siendo dos ejemplos clásicos y brutales de negación nacional de sociedades naturales u originarias.
Al mismo tiempo, se va descubriendo el carácter y las enormes riquezas culturales indígenas de estos pueblos minorizados, por parte de muchas ciencias sociales, hasta ahora muy serviles de civilizaciones, culturas y poderes imperialistas. Es decir: se empieza a reconocer la importancia y objetividad biorregional de realidades sociales mucho más antiguas de la formación de los estados modernos. Al mismo tiempo que se pone cada vez más en valor el significado cultural y el empuje social que manifiestan bajo diferentes formas de autoreconocimiento y autovalorización.
En realidad, este auge de conciencia indigenista nacional tiene razones muy explicables. Hay causas sociales de fondo que producen la progresiva autodefinición nacional y cultural que constatamos. Se trata por supuesto de un tema que hay que desarrollar de forma mucho más extendida, pero podemos dibujar estas siete líneas generales de algunas de esas causas:
1.
Es el fruto de procesos sociales paulatinos, a veces difuminados, sea de carácter voluntario que inducido, fundamentalmente con relación a la economía, como la inserción individual o de pequeños colectivos en tareas productivas exteriores: relaciones comerciales, empleo en la extracción minera, petrolera, maderera, en multinacionales agrícolas, en el transporte, fábricas, servicios, etc; así como nuevas expresiones de participación política estatal, o de diferente autovalorización cultural.
Se encienden de esta forma nuevas contradicciones, necesidades y conciencia de autoreconocimiento, también como reacción a las nuevas formas de alienación y explotación. La propia y específica contradicción identitaria, aunque solo sea vivida de forma personal y hasta individualista, es descubierta y acentuada en reacción o como reflejo frente a conceptos y categorías formadas en las contradicciones del nuevo entorno social y económico.
2.
De forma más dramática que la anterior, puede ser el resultado de la doble dialéctica entre, por un lado, la colonización tradicional del territorio y por el otro una más rápida y extendida inserción de importantes sectores sociales originarios en procesos productivos y mercantiles estatales y mundiales. Hablamos de regiones del planeta colonizadas en los últimos siglos por estados imperialistas, pero que hasta hace pocas décadas habían quedado al margen de la integración productiva internacional directa y general.
Un fenómeno que se ha enormemente acelerado con la globalización y que se cruza con los demás impactos negativos anteriores (ocupación y saqueo de recursos, infiltraciones y campañas religiosas o de Ongs, presión turística internacional, vías de comunicación estatales, imposición de sistemas educativos, sanitarios, etc.).
Así, la propia dimensión nacional de los colectivos implicados se materializa bajo dimensiones muy concretas, explícitas, con relación a la explotación obrera, al desarraigo, a las nuevas formas de represión y control, los procesos de imposición y asimilación cosmopolita, de glotofagia y hasta de genocidio o exterminio de las etapas anteriores.
3.
Por aumento de intensidad de los fenómenos migratorios internos a los estados, internacionales, interestatales e intercontinentales, con sus obvias incidencias, sociales, culturales y económicas, a veces crecientes y traumáticas (abandono masivo del campo y de los pequeños poblados, pérdida de muchos referentes culturales, sanitarios, ideológicos, relaciones familiares con centros metropolitanos lejanos, impacto de las remesas exteriores, etc.). Lo que por otro lado puede también impulsar hacia una relación y recíproco reconocimiento entre culturas oprimidas, marginadas y explotadas en los nuevos contextos.
Además, como en los demás puntos, hay que poner el acento sobre los más recientes procesos de interculturalidad controlada y de integración cosmopolita, ciudadana, o de mestizaje cultural forzado, que se entrecruzan con los demás fenómenos señalados.
4.
En línea con el punto anterior, señalar igualmente los procesos sociales ligados al desarrollo o intensificación de las tecnologías de comunicación y difusión cultural, mediática e informática, con la emergencia de correspondientes contradicciones de medios (de acceso, por ejemplo) y de contenidos (lenguas, costumbres, tipos de entretenimiento, etc.).
Es así que en muchas regiones mantenidas bajo nuevas o viejas formas de colonialismo y aislamiento, se pueden también vislumbrar nuevas salidas desde la subordinación económica y cultural, y hasta política, bajo el impulso de estas incidencias. Otras padecen por primera vez esta agresión cultural tecnológica intensa y capilar, a la que es muy difícil poner remedio desde una particularidad minorizada y sumisa.
En estos contextos se puede acelerar una toma de conciencia sobre la violenta realidad de la globalización y del dominio exterior, multiplicando necesidades y auges de autoreconocimiento y autonomía, al margen o en contra del cosmopolitismo impulsado por la globalización. Justamente, todo esto se manifiesta cada vez más de forma política, como lógica consecuencia de la mayor autodefinición, es decir la asunción consciente y explícita de la propia y ajena biodiversidad, y de su importancia sobre el desarrollo local, nacional y general.
5.
Incidencia de importantes fenómenos de lucha de clases, con su natural contradicción entre el hecho de formar parte objetiva, sobre todo con la globalización, de una clase obrera opuesta mundialmente a la oligarquía transnacional y estatal, en el marco específico de cada realidad nacional. Por supuesto, todas las miles de extensiones nacionales de la clase obrera mundial tienen particularidades y características determinantes para el desarrollo de una propia lucha de clase, más o menos conectada al marco mundial de lucha anticapitalista.
Tanto es así, que no podemos concebir una clase obrera mundial, y el mismo concepto internacionalista de CLASE OBRERA, sin tener en cuenta las diferencias a veces extremas entre cualquiera de sus extensiones nacionales, cada una con su composición específica (1) y con las contradicciones respetivas que esto genera, positivas o negativas, justamente de cara a la confluencia estratégica inter-nacional.
Raras veces se trata de una extensión nacional de clase compuesta por un sector trabajador fijo industrial importante, en cualquier caso. Al contrario, la mayoría de los compuestos de clase tienen otras figuras obreras dominantes, distintas del sector trabajador clásico del capitalismo fordista.
Figuras obreras a veces muy difíciles de enmarcar en la visión tradicional de izquierdas, como por ejemplo los niños mineros de algunas naciones africanas o, por el contrario, en la mayoría de los países, todo tipo de desempleo y subempleo obrero masivo, así como otras figuras del tipo de los mingon de las naciones industrializadas de la RP China, o los nanmin metropolitanos de Japón, los trabajadores estacionarios agrícolas, lo campesionos trabajadores de grandes empresas transnacionales, los sinpapeles de las metrópolis, las enormes masas todavía empleadas únicamente en la reproducción (hasta las últimas estadísticas oficiales reconocen la formación de más de la mitad del PIB mundial por parte del sector reproductor no asalariado !), etc.
Todos representan ejemplos más o menos conocidos de figuras y hasta sectores de la c.o. mundial.
Con dominancias sectoriales no sólo distintas según las regiones, sino a veces por muy atomizadas, individualizadas y divididas material e ideológicamente según diferentes factores y situaciones.
6.
Por otras incidencias de peso, como crisis económicas agudas, guerras, catástrofes naturales o ecológicas, improvisos e importantes movimientos políticos, religiosos y culturales en las instituciones estatales, o de otro tipo, que acentúan contradicciones y procesos de autoreconocimiento, autodefinición y hasta autodelimitación (2) hasta entonces latentes o ausentes.
7.
No por último, gracias también a iniciativas socio-políticas y hasta militares o político-militares de alto contenido en dinámicas sociales, que surgen por diferentes razones endógenas y exógenas, además de las ya señaladas. Por desgracia, resultan creadas, facilitadas, deformadas y condicionadas a veces hasta por intervenciones exteriores, o llanamente ideológicas (religiosas), dirigidas a utilizar determinadas contradicciones nacionales para debilitar otros estados, empresas transnacionales y hasta reales procesos de autodeterminación (es sintomático a este propósito el caso reciente del estado boliviano con la utilización de la palanca autonomista contra los procesos autodeterministas de las naciones originarias).
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En este contexto, parece muy importante señalar la lenta pero progresiva superación de las viejas nociones anti-nacionalistas, eurocentristas y cosmopolitas de una parte creciente de lo que llamamos izquierdas (metropolitanas y periféricas), que hasta hace pocas décadas no aceptaban la valencia positiva de los procesos de autodeterminación y de emancipación de las naciones originarias.
De esta forma, se registra un progresivo acercamiento de movimientos, organismos y expresiones obreras -en los que inciden a menudo estas viejas izquierdas- hacia movimientos indígenas y nacionales, lo que significa en realidad la aceptación del potencial obrero, de liberación social, que puede encerrar la autodeterminación de los pueblos.
En realidad, la política global de clase obrera mundial tiende a reconocerse de forma natural en las miles de extensiones nacionales con las que se compone, cada una con sus diferentes o específicas culturas y tradiciones de lucha de clases. O simplemente, de lucha para la supervivencia como objetividad cultural biorregional.
Esta confusión entre nacionalismo reaccionario, a menudo fascista y estatalista, con las luchas nacionales de liberación y autodeterminación ha sido un grave limite de muchos movimientos obreros ideológicos (3). Todas estas contradicciones, como sucede en Euskal Herria, están produciendo debates avanzados y conciencia anticapitalista radical, anclada en el concepto de extensión obrera nacional de la c. o. mundial.
Es decir: se supera el antiguo internacionalismo estatalista de las izquierdas postestalinistas -aplicado casi únicamente a los estados, es decir figurando una presunta homogeneidad de clase de los mosaicos sociales estatales- para madurar poco a poco un real inter/nacionalismo entre las 5000 y más naciones existentes, por encima (y naturalmente en oposición) a las 200 estructuras estatales capitalistas.
Naturalmente todo esto se mueve en la dirección de superar la jaula de los 200 estados oficialmente reconocidos, que se reparten en la actualidad de forma ilegítima el control y la gestión económica, político-institucional y cultural de la humanidad. Ilegítima pero legal, es decir: reconocida por el derecho estatal e interestatal oficial.
En definitiva, la relación 200/5000 se está integrando en la lucha de clases mundial, con todas sus enormes incidencias y potencialidades culturales, políticas y de desarrollo de diferentes formas de poder popular biorregional. Es decir: de democracia. El desarrollo de la democracia es ya desde ahora inconcebible sin tener en cuenta la superación inevitable de la relación 200/5000.
Sólo así podemos hablar de desarrollo democrático del ecosistema mundial.
Lo que atine por consiguiente a la necesidad de nuevos planteamientos sobre la cuestión de la forma-estado, que trataremos en otro artículo.
Este avanzado reconocimiento de que la mayor riqueza humana del planeta está formada por cada una y todas las miles de naciones existentes, y que también cada una de las extensiones nacionales de la clase obrera mundial somos parte integrante de esta magnífica lucha para la diversidad y el desarrollo social y cultural, todo esto es lo que nos lleva a comprender que necesitamos también ser totalmente dueños de las instituciones que inciden en este desarrollo.
Un gran avance hacia una solidaridad general para la autodeterminación global de la humanidad, que así se puede liberar conjuntamente y progresivamente de cadenas institucionales y de modelos antisociales generados en el curso de su dramático crecimiento económico y tecnológico.
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Notas:
Este texto es el desarrollo N.1 de la serie 200/5000, sobre las referencias del informe 'Sindicalismo y cuestión nacional indígena. Internacionalismo e interestatalismo', redactado en 2006 para el sindicato LAB de la FSM.
(1) Esta cuestión fundamental de la composición de clase será tratada en un 2° texto de la serie 200/5000.
(2) Sobre conceptos y procesos con los que se manifiesta la autodeterminación, ver un estudio detallado en el texto anexo en PDF: ¿Autodeterminación o derecho de autodeterminación?
(3) Cuestión que también será tratada más en extenso en el 2° - 200/5000.
(*) Iniciativa Internacionalista de las Naciones del estado español. Enlace:
http://www.iniciativainternacionalista.org/
Autodeterminación o derecho de AD?
Tres cosas;
* acertada la relación nación/estado; no se pueden confundir ya más los dos conceptos
* el punto 5., el de más contenido desde la opción de la lucha de clases
* no se encuentra el archivo pdf sobre Autodeterminación señalado en las notasMeter: suni Arbelaiz.
Pizango contigo todas las naciones!