El significado de la paz y la violencia en Colombia

Image Desde una perspectiva antropológica la paz es el resultado del equilibrio de la cultura y de los distintos elementos, segmentos o subsistemas que hacen parte de un sistema cultural que tiene relaciones internas y externas al funcionamiento del sistema. Pero como nos lo recordaba Gabriel Marcel, la Paz, como la vida del ser humano, es mucho más que una simple función de carácter adaptativo, condición que tienden a olvidar los marcos de análisis de carácter sistémico.
Incluso la narrativa de la paz puede entenderse como un discurso que violenta el orden establecido y que no se acomoda a él (Rom 12: 2), aún cuando tiene la inteligencia de reconocer el lugar del Cesar en el orden terrenal (Mar 12:17; Luc 20:25). La Paz implica capacidad selectiva y priorización jerárquica de valores que reclaman “la renovación de vuestra mente, para que podamos distinguir cuál es la voluntad de Dios en nuestras vidas” (Rom 12:2), cerrándole las posibilidades a la ignorancia (1Pe 2:15), que es un estado-condición de la que todos participamos y que se expresa por falta de entendimiento y dureza en nuestro corazón (Eph 4:18) y que tiene como consecuencia la muerte, la violencia, irascibilidad, el asesinato, el ultraje, el no-reconocimiento, la falta de caridad, el odio, la enfermedad, divisiones y el egoísmo. Esta primera reflexión nos sitúa en el campo de las llamadas verdades soteriológicas.

Entonces, ninguna cultura o persona esta libre de mecanismos de conflicto. El presidente Uribe, simplemente desconoce esta condición humana al negar y tratar el grave conflicto que existe en Colombia. Todos hemos sido agredidos y somos agresores potenciales. Por fortuna, en la subjetividad del ser humano, se pueden abrir horizontes de paz como de violencia. La paz, es una relación de equilibrio, que busca una especie que nunca ha estado en equilibrio. Sin embargo, para comprender las posibilidades de la paz, entendida como una situación de la persona humana y justicia social, hay que entender que el ser humano, como animal también tiene unas bases instintivas donde descansa la agresión. Konrad Lorenz llamo en 1963 a la agresión "el pretendido mal". La agresión para Lorenz es un mecanismo de conservación de la especie y esta muy limitado en sus efectos. La agresión es un "instinto como cualquier otro y, en condiciones naturales...al servicio de la conservación de la especie y del individuo". Freud por su lado, identificó la agresión y la violencia existente en la cultura humana como algo innato al hombre. Lo importante del trabajo de Freud, radicó en ver que el ser humano tiene la tendencia de reprimir o rechazar la agresión y la destrucción. En su libro el MALESTAR EN LA CULTURA,dice: "quienes creen en los cuentos de hadas no les agrada oír mentar la innata inclinación del hombre hacia lo 'malo', a la agresión, a la destrucción y con ello también a la crueldad". La sociedad, desde la visión de Freud, se encontraría en una permanente posibilidad de destrucción. Desde los ojos de un antropólogo, los "relatos densos" que constituyen una cultura o la cultura humana desde sus génesis hasta el presente, son el resultado de una constante tensión que hace que los sistemas culturales siempre y en cualquier lugar estén sometidos a su posible autodestrucción y aniquilamiento. La historia se repite, y en las constelaciones de la cultura, aparecen y desaparecen soles y estrellas, luces que en algún momento brillaron con esplendor, pero que a raíz de sus contradicciones internas, de sus equívocos desaparecieron del horizonte. El conflicto y la guerra que se vive en Colombia, tiene que superarse, pero nuestros tiempos difíciles, por paradójico que suene, son un desafío para que todos los colombianos pensemos que Colombia debe ser una nación grande. Una nación que tenga un trato de igualdad en el concierto mundial y que exija de manera reciproca a todos los Estados que nuestros ciudadanos deban ser tratados en condiciones de igualdad cuando buscan vivir o viajar a otro país.

La Paz es el resultado de una construcción cultural, un estado existencial y espiritual que parte de la necesidad de extender funcionalmente los mecanismos instintivos del ser humano, que a través del poderoso instrumento de la cultura, construye un orden social que pretende entre algunas de sus funciones, "autodomesticar" los impulsos agresivos del ser humano. En algunos casos, lo logra, en el caso de la experiencia colombiana las expresiones de la violencia tanto en las esferas macro como en los campos micro nos deben llevar a revisar las reglas del juego del orden social que hemos pretendido construir. Revisar esas reglas del juego implica analizar las concepciones de mundo que manejamos, los horizontes de sentido, y las instituciones formales y no-formales que organizan la vida social del país. Pero en dicho análisis institucional, nunca debemos olvidar que la estructura de la realidad debe ser comprendida de la manera más objetiva; hoy, creo, que con algunas excepciones en Colombia, por la ideologización perversa y corrupción de los partidos, hemos sido incapaces de comprender que el orden social con todas sus tensiones es finalmente una expresión del orden psicológico de la persona humana.

Lo que se puede hacer evidente, luego de un análisis histórico de la realidad colombiana, es que el contrato social vigente en el país no representa claramente los intereses de todos. No todos los actores sociales han sido reconocidos en el transcurso de nuestra vida como República. En términos formales, la Constitución del 91 fue un significativo avance en muchos frentes, sin embargo, estructuralmente para muchos de los colombianos, nacer y vivir en Colombia es aún una pesadilla, ya que se encuentran totalmente desprovistos de oportunidades y de posibilidades de empalabramiento personal y comunitario. El pacto social que vivimos en el país es de corte reduccionista, clasista, leguleyo y politiquero. Unirse a la fiesta en Colombia puede significar hacerse participe de directrices de acción que anteponen a cualquier costo los conceptos de seguridad-propiedad-dinero versus los de libertad-conocimiento-amor. Vivimos en una sociedad narcotizada; que adoctrina a su clase media a endeudarse a toda costa con el único fin de tener un carro – símbolo de prestigio- que usará en los trancones de todos los días. Una clase media que esta narcotizada ante el consumo y en donde sus hijos no tienen a donde mirar: nuestros héroes culturales han dejado de existir.

Afortunadamente no todo son fuerzas oscuras en el país. Todos los días, en los más recónditos lugares de Colombia miles de hombres, mujeres y niños trabajan en la construcción de una nación más hermosa. Lastimosamente muchos de ellos son perseguidos y han sido exterminados tanto por guerrilla como paramilitares. La actividad de muchos de los colombianos habría que decir que es el resultado de la acción del espíritu, que eleva al hombre por encima de si mismo. Colombia es un país que no renuncia a ser alegre. Y esa si que es una condición importante, por que la alegría si recordamos a San Pablo, es un efecto de la acción del Espíritu santo (1 Tes 1, 6), y aparece, al lado de la justicia y la paz, como expresión del gobierno de Dios (Rom 14, 17). La condición para que realmente nuestra alegría pueda ser plena, tiene que ver con la posibilidad de experimentar en nuestras vidas y en los procesos de interacción social que las rodea, la armonía y la comunicación sincera y fraterna entre todos los hombres, entre la naturaleza y entre Dios. De lo contrario, la alegría puede engañarnos (Sant 4, 10) y convertirse en un sentimiento de autoalienación, cómplice finalmente de la locura que viven todos los días los agentes de la guerra y de la muerte en Colombia.

En Colombia se vive la violencia como el resultado del dominio tiránico de unos hombres sobre otros y de la ausencia de una verdadera y auténtica experiencia de Dios. La paz, como categoría ontológica universal, implica que todos en Colombia la deseamos desde lo más profundo de nuestros corazones – quien no habla de paz en Colombia; era el discurso favorito de Raúl Reyes; es el discurso favorito de Uribe-; sin embargo, para que la paz sea una realidad, se requiere como decía San Agustín, que todos los seres subsistan en un estado de reposo y orden (La Ciudad de Dios). Eso lo que quiere decir, es que yo como individuo y ser comunal tengo que buscar la paz en mis relación con otros, pero fundamentalmente tengo que construirla en el orden de lo personal y familiar. La paz es un propósito social con implicaciones en el plano de lo personal. Mi cuerpo y mi alma tienen que estar en paz consigo mismo. Los violentos en Colombia también buscan su paz, sólo que la buscan según su particular idea de ella. ¿Qué es entonces la paz, si todos los seres humanos tenemos una particular idea de ella? La auténtica paz -siguiendo a San Agustín-, esta dada en la concordia, y fundamentalmente en la concordia dentro de la casa y la familia. Por eso, como veníamos diciendo, la paz en Colombia se tiene que realizar estratégicamente en todos los hogares. Simultáneamente a esa paz doméstica, tenemos que realizar la paz como ciudadanos en el Estado. Es interesante observar, que dentro de su sabiduría, Agustín ponía como condición la referencia obligatoria a Dios, y decía Agustín que allí donde la paz terrena no se refiera a la paz futura del cielo, el orden de la justicia esta lesionado porque se niega a Dios su derecho sobre los hombres. Las consecuencias son las revueltas y las guerras, en las que según Agustín, cada uno de los partidos y los bandos intenta imponer su propia representación de la paz verdadera. Pero la paz auténtica, como ya se insinuó, es el resultado de unos planos jerárquicos –verdades cosmológicas- y políticos –verdades antropológicas- que partiendo de la familia y de un gobierno para el bien, busquen la realización de la justicia y la paz. Como es de suponer, cuando esto no sucede lo que se genera es una violencia estructural, incluso legitimada por el aparato de estado. Para el antropólogo Service, se llega a la violencia represiva en gran escala -y a sucedido innumerables veces en la historia del país- sólo allí donde el sistema político "esta perturbado en su capacidad funcional y predominan tendencias centrífugas". Estas tendencias son las que tenemos que superar en el marco de un gran proyecto de unidad nacional; el proyecto en un país diverso como Colombia se entiende en el marco de la unidad paradójica de las diferencias; y partiendo del principio platónico que reconoce que la naturaleza humana es una constante; principio que fue corroborado por el trabajo relativamente reciente de Claude Lévi-Strauss en su obra el pensamiento salvaje. Ahora, llevando ese principio a un planto más coyuntural nuestra tarea es persuadir al presidente Uribe de la necesidad que tiene su familia de sus cuidados; su clan necesita de sus cuidados; ojala comprendiera Uribe que la familia suya es lo más importante. Él ya hizo lo suficiente por Colombia. Ojala la libido dominans no lo lleve a destruir su hogar.


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Sin justicia no hay paz
Sin justicia no hay paz,todo lo demas es puro bla, bla, bla, bla.